jueves, 22 de diciembre de 2016

miércoles, 28 de septiembre de 2016



No voy a escribir aquí sobre la institución medieval conocida como la Junta de las tres casas. Las historias que voy a contar son mucho más cercanas y se basan en los recuerdos de los olmedanos que aún viven en su pueblo, por ejemplo de la generación del 31, mi padre y mi tocayo. Si lo que yo transcribo no es la verdad, porque la memoria falla, escribidme y  lo corregiré.
Empezaré con una casa que ya no existe, pero tuvo el privilegio de aparecer en la prensa escrita:  Antonio  RUIZ VEGA (1990), “Fernán González tiene los ojos tristes… (La Olmeda, la Gernika soriana)”, Soria semanal 30 de octubre, p. 6.
  

La casa de la “tía” Valeriana.

  
Aprovecho para decir que mi padre puede llamarla así porque era hermana de su abuelo materno (Zacarías Martínez); pero en estas tierras llamábamos “tío” a todas las personas de cierta edad.  Es curioso que, estando bastante alejados, haya muchos lazos familiares entre la gente de Valdelinares y los olmedanos, y no sólo eso, fue un cuñado de la tía Valeriana (y de mi bisabuelo Zacarías), el  “manitas” de su  pueblo, de nombre Romualdo, el que construyó la fuente de nuestro pueblo (allá por el 36).
La tia Valeriana, antes de venir a La Olmeda, estuvo casada con un sastre de Lodares, de nombre Toribio, con quien tuvo un hijo llamado Salvador. Pero quedó viuda y volvió a casarse con el propietario de la casa de la que estamos hablando: Melchor Sanz; así que deberíamos hablar de la casa del Melchor, pero se ve que, aun viniendo de fuera, la Valeriana fue una mujer importante para los olmedanos; y es que compartía oficio con la madre de  Sócrates (mayeútica), es decir, era comadrona; y habrá ayudado a nacer a muchos de este pueblo.
En su segundo matrimonio tuvo seis hijos: Felipe, Juanita, Julián, Agueda, Sotero y Marcelino que murió sobre los siete años. El mayor se casó con Florentina Berlanga y habitó un tiempo la casa de los “lecheros” (de la que hablaré más adelante), todavía vienen por aquí alguno de sus hijos: Pili, Carmen, Dioni y Puri. También recuerdo a Sotero, casado con Matilde Ortega. Sus dos hijos Mati y Juanma fueron  asiduos a los veranos olmedanos, cuando  mis hermanos y yo éramos niños y jóvenes. Tengo un vago recuerdo de un primo suyo (hijo de Juanita), que venía de Valencia y se llamaba Juan Carlos, pero creo que murió en un accidente de moto.
 Para los jovenes hay que decir que la casa estaba donde ahora hay un merendero vallado con bloques.